Timados sin Fronteras

¿Somos una ONG..?

Aceptar la ley del embudo como animal de compañía tiene sus costes.

Nuestros colegas del SME han hecho los cálculos.

Durante 2010-2011, los trabajadores  sanitarios perderemos al menos un 10-12% del salario real, sumando los recortes a la inflacción. Sin contar con nuevos recortes anunciados y luego desmentidos para la segunda mitad de 2011.

90 millones de euros es lo recaudado entre el personal de Osakidetza, de los que más de la mitad corresponde a la masa salarial de los facultativos.

Esta pérdida, traducida en tiempo y sin contar las guardias,  son 32 días laborables, 45 días naturales.

Mes y medio, 224 horas de trabajo -guardias no incluídas- que regalamos para pagar las deudas ajenas.

Los que fueron, para otros colectivos, años de bonanza económica fueron para nosotros -recordemos- tiempos de trato injusto en los que fuimos el objetivo de la tacañería del sistema. Siempre por detrás del resto de los trabajadores. Ni laborales ni funcionarios, éramos estatutarios, sometidos a normativas cicateras, desoídos sistemáticamente. Reclamando obviedades en los juzgados y soportando todas las dilaciones e incumplimientos.

Perdimos años de nuestra vida en unas guardias vergonzosamente retribuídas y en su origen ni siquiera libradas. Nos dividieron con complementos y trucos discriminatorios. Se nos cerró la posibilidad de promoción durante décadas para finalmente implantar una carrera profesional tardía y mezquina.

Muchos profesionales arrastraron, y arrastran, interinidades eternas y condiciones precarias y de inseguridad laboral.

El llamado estado de bienestar no lo fue tanto para el personal sanitario. Ahora en cambio encabezamos la lista de los donantes para recuperar el sistema.

La pregunta inevitable es: ¿Cuanto tiempo nos va a costar volver al nivel previo, que no era precisamente para echar cohetes?

Es difícil calcular hasta donde llegará el deterioro, habida cuenta de lo elástico y frágil de nuestras condiciones de trabajo, manejadas aleatoriamente por la administración. Tenemos un convenio caducado en 2009 que por ese motivo es ignorado, o invocado cuando conviene.

No solamente nuestro salario se ha empobrecido, sino que además nuestras condiciones de trabajo se volatilizan. Las negociaciones son inexistentes y los gestores se atrincheran en sus despachos y tras sus gabinetes de prensa. La negociación colectiva no existe. Más de un año de huelga en los PACs se convierte así en algo irrelevante.

¿Esperaremos a tomar decisiones hasta que no tengamos nada que perder?

Si es así, todo llegará, no hay más que ver por donde vamos y a qué paso.

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