La llegada de Bengoa a la sanidad vasca genera entre los profesionales muchas expectativas. Las iniciales no le son atribuibles. El relevo era algo anhelado en todos los estamentos de Osakidetza. Para muchos la larga consejería saliente ha sido un ciclo de malestar y conflictos. Un proyecto indefinido y no pactado, con una gestión manipuladora y opaca.
Los médicos de los hospitales hemos vivido un largo periodo de parches y remiendos. El día a día como única barrera a superar, y mañana ya veremos. Sí le son propias en cambio las expectativas que despierta encontrar al frente de la consejería a un experto en sistemas de salud. Bengoa ha participado en la definición y diseño sanitario tanto estatal como vasca (informe Abril, Osasuna Zainduz) y ha asesorado a otros gobiernos desde la OMS. Algunas de las personas que forman su equipo en los niveles más altos son también expertos de reconocido prestigio.
Sanidad crónica
Los procesos crónicos amenazan de forma creciente a la población y el sistema de salud debe adecuarse a la nueva realidad.
Nosotros arrastramos además la cronificación de un deterioro profesional con el que hemos tenido que aprender a vivir.
La brecha entre los directivos y los trabajadores del sistema se ha hecho tan grande como si se tratase de empresas diferentes, cuando no opuestas. Dos mundos.
Para una mayoría la imposición ha sustituido al liderazgo. Con demasiada frecuencia la decepción ha sido un componente del trabajo. La desconsideración profesional ha sido durante décadas el pan diario.
El oprobio de las guardias, ni siquiera consideradas horas de trabajo hasta una reciente sentencia, prosigue en nuestros días. Hacer balance de ello tras treinta años de trabajo no es un ejercicio gratificante.
Exigir la implantación de la carrera profesional costó jornadas extenuantes de regateos, y algún día de huelga, aprovechado por la administración para definir a los médicos como secuestradores de los pacientes.
Profesionales de referencia y muy experimentados están a día de hoy próximos a la jubilación sin opción de alcanzar siquiera el nivel 4. Tras una vida profesional que tampoco les ha brindado ninguna posibilidad de promoción dentro del sistema.
Durante décadas la administración sanitaria ha transferido a los jueces la decisión de sus responsabilidades. Si no estáis de acuerdo acudid a los tribunales, ha sido el final de muchas discusiones. Temas insolubles como las guardias, la exclusividad o el desarrollo profesional han marcado a varias generaciones de médicos.
Carentes en general de formación para la gestión y sin más bagaje en muchos casos que su entrega política, las sucesivas oleadas de cargos intercambiables han regido el sistema sanitario vasco como una poderosa arma populista y electoral.
De puertas adentro la falta de participación de los profesionales en las decisiones ha traído individualismo, insolidaridad y abstencionismo; todo muy útil para desactivar el descontento pero empobrecedor.
Muchos servicios han sido sorprendidos por jefes impuestos tras extraños saltos de caballo desde fuera del tablero. Más docilidad transmitida. Menos liderazgo.
En una situación de maltrato económico los programas implantados han sido llevados a cabo, o directamente promovidos, como oportunidades de mejorar los ingresos de los afortunados participantes. Otra decepción añadida para quienes no tienen acceso. La ilusión por emprender algo nuevo o la implicación como grupo han sido en general un valor poco añadido.
La consideración hacia el personal, más allá del trato económico, ha sido en general muy escasa, cuando no penosa. El reconocimiento prácticamente inexistente y las oportunidades de compensación perdidas de forma lastimosa.
Un ejemplo. En la misma puerta del mayor hospital de Vizcaya, ocupando parte de los terrenos del Centro sus usuarios y trabajadores padecieron y asistieron a la construcción de un aparcamiento privado -sin acceso para incapacitados- a la vez que eran eliminadas todas las plazas de aparcamiento para trabajadores y usuarios.
La dotación informática de los hospitales ha sido desincentivadora para los trabajadores. Con una concepción temerosa se han bloqueado las terminales y se ha seguido el modelo chino en cuanto a los accesos. Hace escasos días un director de personal mantenía que el correo electrónico no es para que se comuniquen los usuarios sino para que la empresa se dirija a los trabajadores. Resultado: pocos lo utilizan. Otra oportunidad perdida.
El mañana ya es hoy, pero el ayer no ha muerto.
El mañana es hoy
Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Dicen que dijo Einstein.
Somos nosotros, la sociedad la que cambia y pocas cosas hay tan valoradas como la salud. Un sistema sanitario eficaz debe ser la sombra que va antes del cuerpo, mejor que detrás.
Se impone para todos una nueva forma de hacer las cosas, otra forma de actuar.
La lentitud en los relevos del nuevo equipo desconcierta a muchos, asistimos a la presentación de una nueva teoría sanitaria antes de conocer a quienes van a llevarla a cabo. Es cierto que lo primero importa más que lo segundo. También lo es que conocer a los responsables aumentará o disminuirá nuestra confianza en el proyecto.
Ante el escenario de la demanda sanitaria del futuro se imponen ideas nuevas y, al parecer, no son ideas lo que falta. El nuevo equipo se va conformando, con un grupo homogéneo de estudiosos de los sistemas sanitarios. Puede que más conocedores del futuro sanitario que del pasado, o de la teoría más que de la realidad. Pero eso es más de lo que hemos tenido durante años de voluntarismo, manipulación y seguidismo político. No es tan mala la utopía para quien es capaz de creer en ella, única forma de hacerla próxima.
Cambiar esquemas caducos, diseñar respuestas a problemas nuevos y motivar e ilusionar al personal sanitario son algunos de los desafíos del nuevo equipo. Algo tan difícil como necesario. El personal es receloso y motivos tiene. Esta nueva etapa no puede cimentarse sobre viejos agravios. Regularizar lo insostenible es una tarea urgente y previa. Esa será la piedra de toque capaz de desentumecer a los escarmentados y concebir esperanzas a los profesionales jóvenes. Esa será la certeza de que las cosas se hacen con y no sobre los mismos de siempre.
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Hospital de Cruces
SIMAP

Por lo menos, escribid correctamente los nombres. El apellido es Ballestero, indocumentados!!!!
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nota: el nombre de este post ha sido editado por este motivo
Desde fuera: Quebuenodaniel (que dirian LesLuthiers). No son indocumentados. Si relees con atención, creo captar la guasa irónica de los comentarios. Es esa misma guasa la que exige que el alias de Ballestero, su alter ego, su “te nombro y no te he nombrado” sea “Ballesteros”. Y es verdad que muchos hemos estado mucho tiempo llamándole Ballesteros. Pero no ahora. Ahora es “Ballesteros”. Y si perdemos el sentido del humor, lo habremos perdido todo. Un abrazo. Ramón